martes, 14 de febrero de 2017

El mendigo chupapija, de Pablo Pérez

1.
Feliz día de los enamorados.

2.
Hace poco leí Un año sin amor: diario del sida de Pablo Pérez, que es un diario íntimo novelado de este escritor, y me gustó. Había visto hace años la versión cinematográfica de Anahí Berneri. El mendigo chupapija también tiene su versión cinematográfica, un cortometraje del propio Pérez, que estuvo en un papifi pero no pude ver ni encuentro en Internet. Y además El mendigo chupapija fue antes un folletín fotocopiado y difundido por partes entre 1998 y 1999. A pesar de lo que su título indica, El mendigo chupapija no se trata casi de un mendigo chupapija. Empieza por ahí, pero después es una novela porno leather (sin mendigos), después por momentos es un diario íntimo, de pronto agarra la tercera persona y Pablo empieza a hablar de Pablo... por momentos entra en un mundo de fantasías y por otros parece tan "basado en hechos reales" como la novela/diario Un año sin amor. Hay personajes y situaciones que están en los dos libros, curiosamente como Bukowski cuando de una novela a otra repite escenas pero cambiadas, y uno intuye que las más repetidas puede que sean las más reales por eso mismo. Igual que Un año sin amor, termina con el cambio de año, en un caso el '97, en el otro el 2000, y también, como dice Trerotola en esta nota y no había notado, termina con la feminización de Pablo. En Un año sin amor, en la última entrada del diario Pablo está disfrazado de mujer por el año nuevo. En El mendigo chupapija es la sumisión a un nuevo amo protector lo que feminiza al personaje.

3.
Editado por Mansalva en 2006, todavía hay unos ejemplares en la librería La Internacional Argentina de la calle Padilla que mencionaba en la reseña de Blatt de acá abajito.

jueves, 9 de febrero de 2017

Mi juventud unida, de Mariano Blatt

1.
por el influjo de este libro soñé, ahora hace un rato, antes de leer las dos últimas páginas del último poema, en un sueño más largo en el que también había una boa constrictor con patas tipo cocodrilo, soñé que estaba con un amigo (¿Tomer?) teniendo que llegar a un micro, nuestra última oportunidad para salir de ahí (¿estábamos en Brasil?) y llegar a Lobos, un lugar que no conozco pero que Mariano Blatt parece que sí. Yo le preguntaba a ¿Tomer? qué había en Lobos y él me contaba que a Lobos era a donde uno llevaba su avión en lugar de abandonarlo, para que no se le arruinara la chapa, pero que una vez que lo llevabas no lo podías sacar más. "Un hangar", decía yo. La sensación era la de que en Lobos, sólo en el hangar se estaba seguro: afuera era una lluvia de balas.

2.
Maia me dijo que este libro era re para mí. O sea, que la poesía de Mariano Blatt era re para mí. No me siento muy original por eso, pero sí, era re para mí. Me sentí muy indentificado.

3.
El libro es hermoso, y si bien me gustó más la poesía de los primeros años (leer cosas de 2005, 2006, 2007, etc. me hizo pensar constantemente en dónde estaba yo en esos años) y la de los últimos, y menos la de los años del medio (porque Mi juventud unida es la poesía reunida que Mariano Blatt escribió entre sus 22 y sus 31 años), es todo muy hermoso. Llamativo eso: no hay casi, en los nueve años de poeía reunida, poemas oscuros, nada bajón: Blatt escribe poemas brillantes, en el sentido literal de la palabra brillo (otra que está mucho en su puesía), o sea luminosos, o sea felices, incluso cuando se nota que recubren una tristeza los poemas del libro son luminosos. Hasta el desamor es luminoso.

4.
Está muy a buen precio, este libro, menos de 300 pe cuando tiene más de 250 pa, y en la librería La Internacional Argentina de Padilla entre Serrano y Gurruchaga hay descuento de entre el 10% y el 20 % (a más libros, mayor el descuento) en todos los de Mansalva.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Madre soltera, de Marina Yuszczuk

1.
Es un poema largo, o setenta y siete poemas cortos, por los que la autora ganó un premio en 2013 y que fueron editados por Mansalva, en 58 páginas. Es muy muy hermoso.

2.
Lloré dos veces. Una vez en el medio (dice Marina: "ahora presten atención, porque llegamos al centro del libro. O quizás no es el centro; más bien, algo como un lugar de paso:"), y otro al final (con el poema de 2011, "La ola de frío polar"). Las dos veces en colectivos. Cuando me río en voz alta en los colectivos por algo que estoy leyendo, miro discretamente alrededor a ver si la gente siente curiosidad o no de lo que estoy leyendo (y casi nunca nadie me devuelve la mirada). Pero cuando lloro leyendo en colectivos no miro. Prefiero que no me vean, aunque en el fondo me enorgullece, me parece igual de noble.